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Medición de oído real

Un auxiliar auditivo es tan bueno como su adaptación. Y la adaptación solo es buena si se mide.

Adaptación, calibración, graduación, acondicionamiento, adecuación, ajuste: todos son sinónimos del trabajo que se hace para poner a punto sus auxiliares auditivos y que respondan a sus necesidades de audición.

Es como lograr que una llave abra suavemente y sin atorarse la cerradura de una puerta. Es como hacerse un traje y que le quede como a un rey o una reina.

Para lograrlo hay que medir. Y hay que medir dentro de su oído. A eso se le llama Medición de Oído Real, o REM por sus siglas en inglés.

Hacer la medición de oído real y adaptar sus auxiliares con ella le dará el mejor servicio posible de sus aparatos: muchas veces mejor del que obtendría con auxiliares más caros pero mal ajustados. Esta es, quizá, la información más importante que debe tener en cuenta al momento de comprar.

Si prefiere la versión corta

Un niño con un traje cuatro tallas más grande

Imagine a un niño con un traje enorme, que le queda cuatro tallas más grande.

¿Le gustaría que así le quedara su traje, o preferiría que el sastre le tomara las medidas?

La medición de oído real es tomar medidas muy precisas para hacer una adaptación impecable de sus auxiliares auditivos. Si con esto le basta, no necesita seguir leyendo. Si quiere echarse un clavado en la explicación técnica, adelante.

El problema del lenguaje comercial

Cuando usted entra al mundo de los auxiliares auditivos, entra a un universo de términos: comerciales, técnicos, muy técnicos, algunos que parecen aportar mucho valor pero aportan poco, y otros que son basura pero impresionan.

La mayoría de estos términos no se entienden, y muy pocos saben lo que realmente significan: ni el público en general, ni muchos de los que se dedican a adaptar y vender auxiliares, incluyendo profesionales de la salud que uno supondría que deberían conocerlos cabalmente.

Si a usted le gusta el futbol y se detiene a escuchar a los cronistas, encontrará un mundo de términos que en realidad no tienen sentido pero que de tanto escucharlos aceptamos sin reflexionar. «Lanzó el tiro de esquina a primer palo», y uno se pregunta: ¿cuál es el primer palo? ¿Tendrán número los postes?

De la misma manera, cuando los fabricantes lanzan un auxiliar nuevo introducen un conjunto de términos que aprenden quienes los venden, y que luego usan como argumento para ponderar su calidad. De todos esos términos seleccionan los más fáciles de comunicar, bajo la idea de que más es mejor que menos.

Por ejemplo: le dicen que compre un auxiliar de 20 canales porque es lo mejor. Entonces usted empieza a preguntar precios de auxiliares de 20 canales, y de 18, y de 15, y de 12, hasta encontrar el que le da más canales por menos dinero. Ya tenemos una decisión, aparentemente razonada y optimizada. Pero lo más probable es que sea una decisión mal informada.

Ese enfoque reduccionista, que usa uno o dos términos para fincar una compra, deja fuera factores de importancia vital:

  • ¿Qué tanto distorsiona el auxiliar?
  • ¿Cuál es la máxima distancia a la que voy a escuchar?
  • ¿Qué tanto reduce el sonido del viento o el ruido ambiente?
  • ¿Tiene conectividad Bluetooth?
  • ¿Los micrófonos son direccionales?

Y olvida el concepto que quizá sea el más importante: un auxiliar auditivo es tan bueno como lo es su adaptación.

Hay investigaciones muy serias que muestran que auxiliares con años de uso, incluso analógicos —una tecnología bastante antigua— ofrecen mejor audición cuando están bien adaptados que unos auxiliares con toda la tecnología de la que disponemos hoy.

Por qué no basta con «picarle» a la computadora

Cuando entré al mundo de los auxiliares auditivos, en aquella época analógicos y ajustados mediante trimmers, siempre me pregunté para mis adentros: ¿cómo podía el médico saber dónde colocar los ajustes para que el auxiliar ofreciera la ganancia necesaria para compensar la pérdida auditiva de mi hijo Gerardo? Como yo no sabía nada del asunto, lo único que podía pensar era que el médico había estudiado mucho para saber cómo hacerlo.

Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que no sabían lo que estaban haciendo, y no tenían ni la más remota idea de cómo estaban adaptando los auxiliares, porque no estaban midiendo la ganancia que entregaba el auxiliar en cada frecuencia.

No fue hasta que compré un equipo llamado Fonix que pude medir la ganancia del auxiliar y saber, además, si estaba distorsionando.

Hoy no hemos avanzado mucho en este aspecto. Como los auxiliares se adaptan por computadora, se piensa que si se siguen al pie de la letra los pasos que indica el programa, la ganancia entregada es la correcta.

Es un error. Las computadoras, por más poderosas que sean, no pueden contemplar todo lo que ocurre dentro de un canal auditivo. Si a eso le sumamos que la audibilidad es un fenómeno subjetivo, es evidente que las computadoras y los programas son una condición necesaria, pero no suficiente.

Además, los algoritmos diseñados por los fabricantes siempre estarán sesgados hacia una adaptación lo más conservadora posible, para que el usuario de primera vez no se sienta agredido. Eso no quiere decir que usted vaya a obtener el mejor servicio de su auxiliar. En el mejor de los casos, sus auxiliares estarán subutilizados.

El canal auditivo y su resonancia natural

La resonancia natural es un fenómeno físico del cual nuestro oído no puede excluirse: es lo que amplifica la intensidad del estímulo sonoro en ciertas frecuencias. Sucede porque así se comportan los fenómenos vibratorios.

Partes del oído; la letra e señala el canal auditivo
El canal auditivo es la letra e: un tubo abierto por un lado y sellado por el tímpano.

Cada oído externo es diferente en cada persona: niños, mujeres, hombres, adultos mayores. El conducto auditivo inicia en el pabellón de la oreja y termina sellado por el tímpano. En términos simples y llanos, es un tubo abierto por un lado y cerrado por el otro.

Ese conducto produce una frecuencia natural de resonancia que incrementa la intensidad del estímulo auditivo en ciertas frecuencias, dependiendo de su forma.

La longitud del canal auditivo, su forma, y el simple hecho de insertar algo dentro de él afectan esa resonancia natural. Si no se mide, la adaptación no será la óptima.

Curvas de resonancia natural del oído externo
La línea negra es la suma de las cinco curvas: casi 20 decibeles que hay que medir en cada persona.

La cabeza, el torso y el cuello, la concha de la oreja, la pinna y el propio canal auditivo incrementan la intensidad del sonido en diferentes frecuencias. Sumadas, son casi 20 decibeles. Son muchos decibeles, y hay que medirlos en cada persona. Tomarlos en cuenta hace toda la diferencia del mundo.

Todo en esta realidad tiene una frecuencia natural de resonancia; hasta un puente. El famoso puente de Tacoma empezó a oscilar recién construido por una leve brisa que soplaba a través de él. No fue un huracán ni un temblor: a los ingenieros simplemente se les olvidó tomar en cuenta su frecuencia natural de resonancia.

Para que no nos pase lo mismo, debemos tomar en cuenta la resonancia del canal auditivo. Por ejemplo: entre más pequeño sea el canal, más se amplificarán las frecuencias altas, y por eso algunas personas son muy sensibles a los sonidos agudos.

En resumen: la forma del canal, su longitud, si hay un molde o no, si hay un receptor RIC o no, modificará la resonancia natural y hará que ciertas frecuencias se oigan más fuertes que otras. Y si no se mide ese incremento, la adaptación no será la mejor.

Qué hacen los fabricantes ante este problema

Los fabricantes saben que la mayoría de sus distribuidores no hacen medición de oído real. Por eso ajustan sus programas de adaptación para disminuir la ganancia en las frecuencias altas, que son precisamente las que nos dan claridad.

Comparación entre la ganancia prescrita y la que propone el fabricante
La línea punteada es el objetivo; la continua, lo que propone el programa del fabricante.

Al medir podemos ver tres cosas a la vez: la ganancia que corresponde según el audiograma del cliente, la que propone el programa del fabricante —que suele distar mucho de la requerida— y el ajuste que nosotros hacemos para acercar una a la otra.

En la práctica las adaptaciones son más complicadas. Normalmente bajamos la ganancia final unos 15 decibeles y, en el lapso de dos a tres meses, la vamos subiendo con ajustes leves conforme el cliente se va sintiendo cómodo.

Pero lo importante es esto: si no hubiéramos hecho la medición de oído real, estaríamos simple y sencillamente impedidos de hacer el ajuste correcto.

En el mejor de los casos, el 99% de los auxiliares en el mercado están adaptados sin esta medición. Menos del 1% se adapta midiendo.

Cómo hacemos la medición de oído real

Inserción del micrófono de medición en el canal auditivo

Insertamos en el canal auditivo un micrófono muy pequeño que mide el estímulo auditivo a unos milímetros de la membrana timpánica, con un equipo muy especializado. Puede hacerse tanto con molde como con receptor RIC.

Gráfica antes de la corrección: zonas de exceso y de falta de ganancia
En rojo amplifica de más; en amarillo, de menos.

Lo que la medición nos muestra es dónde estamos amplificando de más y dónde de menos, comparando el objetivo con lo que el auxiliar realmente está entregando. Después de las correcciones, ambas curvas deben ser prácticamente la misma.

Gráfica después de la corrección: las dos líneas coinciden
Después de corregir, las dos líneas son prácticamente la misma.

Siempre hay que hacer ajustes finos adicionales, pero sabemos que vamos por buen camino y no estamos inventando, porque estamos midiendo. Tenemos la certeza de que los auxiliares están ofreciendo el servicio para el cual fueron diseñados. Eso hace toda la diferencia del mundo.

Esto no garantiza que usted vaya a oír perfectamente bien. Sí garantiza que hicimos una medición objetiva, que estamos más cerca de la adaptación correcta y que empezamos con el pie derecho.

En Otofon siempre hacemos medición de oído real en todas nuestras adaptaciones. Nos lleva más tiempo, es un proceso meticuloso, a veces latoso, y siempre está la tentación de no hacerlo y confiar en lo que dice la computadora.

Pero hay que recordar que tenemos en nuestras manos la audición de una persona, su bienestar y el de su familia. Existen muchos factores que afectan el no poder oír bien, algunos fuera de nuestro control por la naturaleza de la pérdida auditiva. No hay razón para atizarle al fuego con una mala adaptación cuando podemos simplemente medir.

¿Le ayudamos a escuchar mejor?

Agende una audiometría sin costo en la compra de sus auxiliares auditivos. Lo escuchamos, medimos su audición y le explicamos con claridad cuáles son sus opciones. Sin compromiso.

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