¡El sonido, y también la luz,
sólo existen dentro de nuestro cerebro!
Última parte

No me puedo aguantar las ganas de escribir una conclusión o la II parte de ¡Noticia de último minuto: El sonido sólo existe dentro de nuestro cerebro! porque es un tema que me apasiona.

Los puntos relevantes del Post anterior son los siguientes:

El sonido o mejor dicho, la experiencia auditiva de los humanos, es construida en nuestro cerebro.

En otras palabras, afuera de nuestro cuerpo no hay sonido, solamente cuerpos que tienen la capacidad de generar una vibración, como la cuerda de una guitarra o golpear con el puño en una mesa.

Esa vibración produce una colisión de moléculas de aire, las cuales golpean nuestro tímpano, y ahí se inicia el proceso de lo que llamamos oír.

Nuestro sistema auditivo solo puede ser estimulado por objetos que puedan vibrar en un rango del espectro que va desde los 20 a 30 Hertz hasta los 20,000 Hertz. Lo anterior depende de la sensibilidad del oído de cada persona.

Un Hertz es el número de veces que en un segundo una molécula se mueve de su estado de reposo, se mueve en un sentido, se mueve en otro sentido y regresa al punto de reposo. Hace el movimiento de una onda.

 

30 Hertz quiere decir que la molécula de aire se mueve 30 veces en un segundo, es decir completa 30 ciclos en un segundo.

Para entenderlo mejor pensemos en un carrusel que da vueltas y vamos a imaginar que me subo en un caballo.   Cada vez que el caballo pase por el lugar en donde me subí, se completa un ciclo, es decir un Hertz. Si el carrusel gira a 30 Hz quiere decir que en un segundo pasará 30 veces por el lugar en donde me subí: ¡muy rápido!

También dijimos que la velocidad con la que las moléculas se desplazan en el aire depende de la intensidad, es decir con la fuerza en donde se origina la fuente sonora. En un antro, la intensidad es muy alta pero, conforme me voy alejando de ese antro, la intensidad del sonido empieza a bajar rapidísimamente. Y aquí rápido quiere decir que disminuye exponencialmente como lo muestra esta gráfica.

Entonces dimos por bueno que afuera de nuestro cuerpo no hay sonido y que, cuando se produce lo que llamamos sonido, son solamente moléculas de aire en vibración que llegan a nuestro conducto auditivo y ahí se inicia la construcción de lo hemos llamado la experiencia auditiva.

¿Por qué las personas que no oyen no hablan? Pues porque los centros que procesan el sonido y el lenguaje en el cerebro no son estimulados. Eso quiere decir que para poder hablar se necesita oír. Si no oigo, no puedo hablar.

Y, si dejo de oír, poquito o mucho, mi lenguaje se va a ir deteriorando, porque no me estoy oyendo. El círculo de retroalimentación se rompe en algún punto y se corrompe.

Corromper quiere decir que empezaré a no hablar bien, es decir no seré escuchado bien, y  no escucharé bien; me costará mucho trabajo escuchar con claridad, especialmente cuando hay ruido. 

Por esto es muy importante usar auxiliares auditivos. Es una ayuda para mantener a nuestro cerebro en buenas condiciones, estimulado, entrenado, activo y haciendo lo que tiene que hacer.

En la película “La Llegada” https://es.wikipedia.org/wiki/La_llegada se hace mención a la teoría de Sapir-Whorf https://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3tesis_de_Sapir-Whorf que dice que la lengua que hablamos, es decir nuestra lengua materna, determina la forma como pensamos así como las habilidades cognitivas. Es decir el lenguaje que hablamos o los lenguajes que hablamos, determinan nuestra concepción de nuestra realidad.

Otros autores exploran esta importante hipótesis en el muy conocido libro “La construcción social de la realidad” https://es.wikipedia.org/wiki/La_construcci%C3%B3n_social_de_la_realidad que abonan a la idea de que la realidad se construye socialmente en la línea de la teoría de Sapi-Whorf.

En lo personal, y esta es una opinión que puede ser muy discutida, yo estoy convencido de esta línea de pensamiento.

Las personas concebimos y construimos una realidad en función del lenguaje que hablemos, tanto individual como socialmente, elaborando todo un acerbo de conocimiento propio de esa lengua.

Si hablo varias lenguas, entonces el ámbito de la concepción de la realidad será mucho más amplio que si solo hablo una lengua.

Y si seguimos por esta línea de pensamiento podemos decir que con el lenguaje “apalabramos” la realidad.   Apalabrar la realidad quiere decir, descubrir la realidad; quiere decir crear conocimiento. Einstein apalabró una realidad que siempre había existido, pero que no había sido develada, no había sido “apalabrada” y nos abrió un inmenso universo de conocimiento.

Lo mismo pasó con la teoría cuántica; con el Principio de Incertidumbre; con los Teoremas de Godel; las vacunas contra el Covid, etc, etc.

Por lo que los seres humanos en el acto de apalabrar “descubrimos” conocimiento; levantamos el velo que la cubre; nada más.

Es como un piano.
Ahí están todas las obras,
toda la música que se puede escuchar;
lo único que hace falta es organizarla,
está escrita en potencia.

Y cuando hablamos lo que de hecho hacemos es “lenguajear” que, para Maturana y Varela, es consensuar pautas de coordinación conductuales que norman nuestras interacciones recurrentes como seres humanos. De esta manera creamos una realidad, un mundo

Y, además, el lenguaje es sujeto de interpretaciones, lo cual matiza nuestro mundo en función de muchos factores tales como nuestra crianza, cultura, lenguajes, etc.

Todas estas reflexiones tienen como propósito último y único el dimensionar y comprender en toda su magnitud la vital importancia de la función auditiva en los seres humanos y su contribución a la construcción del fenómeno auditivo, de la capacidad de fonación y de su relación con nuestros procesos cognitivos y el descubrimiento de nuevas realidades, no de las que nos imaginamos, sino de las que construimos.

Siempre me han llamado la atención los primeros versos del Evangelio de Juan https://es.wikipedia.org/wiki/Evangelio_de_Juan que inician de la siguiente manera en la traducción de la Biblia de Jerusalén:

  1. “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.”; “Ella estaba en el principio con Dios”; 

  2. “Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.”; 

  3. “En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,” 

  4. “y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.”  

Y si pensamos un poquito podemos extender esta línea de pensamiento al fenómeno de la luz.  En realidad la luz es invisible; si, la luz es invisible.  ¿Y por qué decimos que es visible para cualquier persona? Es más, ¿cómo no va a ser visible, si en este momento estoy viendo?

Pues la respuesta es la misma: el cerebro, a través de la vía nerviosas visuales construyen la experiencia de la luz, de los colores, de las texturas.  La retina de nuestros ojos son estimuladas por fenómenos electromagnéticos en el espectro en el que se ubica la luz que vemos los seres humanos.

Aclaro esto, porque otros organismos “ven” el calor, como las serpientes; o los murciélagos que oyen el eco al igual que los delfines en el agua.  Las águilas pueden ver a su presa a una distancia de varios kilómetros. 

Es decir la realidad que “vemos los seres humanos” es una porción de la “realidad”.  Hay otra “realidad” que no vemos pero que está ahí.

LA EXPERIENCIA AUDITIVA Y LA EXPERIENCIA VISUAL SE CONSTRUYEN EN EL CEREBRO. En nuestro cerebro no hay bocinas ni pantallas de televisión; solo hay construcciones visuales y auditivas que percibimos como tales. Afuera de nosotros no hay sonido y la luz es invisible.

El cerebro exhibe una propiedad denominada, por Maturana y Varela, como “CLAUSURA OPERACIONAL” lo cual quiere decir que el cerebro opera como está configurado para operar, sin importar lo que pase afuera de éste. Hay una clara delimitación entre lo que está adentro y lo que está afuera, y no se mezclan.

Un coche hace ciertamente lo que está diseñado para hacer; pero ciertamente hasta ahorita no vuela y tampoco puede navegar en el agua o sumergirse como un submarino.  La “tornillicidad” de un tornillo es lo que lo hace ser tornillo y no tuerca.

Así pasa con el cerebro; la cerebricidad hace que haga lo que tiene que hacer, no importa lo que pase afuera.

Igual pasa con el piano; no le importa quien lo toque y si lo toca bien, mal, fuerte o quedito. Su “pianicidad” hace que haga lo que tiene que hacer.

En el siguiente Post trataré de explicar lo más claramente posible cómo el cerebro y el oído se organizan para crear el fenómeno auditivo.

Share:

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

More Posts

Enviar un correo

Escoge tu idioma -
Choose your language

SONIDOS QUE SE DESVANECEN
Libro gratuito como muestra de agradecimiento

Le obsequiamos este imprescindible libro escrito por los expertos de la Fundación Oticon, sobre todo lo que rodea a la audición. ¡Un documento de consulta al que regresará muchas veces!